Con respecto a las listas, quiero hacer constar que yo no soy en absoluto enemigo de las listas como tales. Soy enemigo del batiburrillo de las listas grijélmicas (o las nocio-funcionales), que son ciegas, inoperativas, incoherentes y caprichosas. Soy enemigo de las listas sin sentido gramatical cuya consecuencia es desistematizar el sistema, y por tanto, impedir que el alumno extraiga una conclusión válida para sus decisiones.
Pero partiendo de un valor de operación extensible, las listas pueden ser una demostración fehaciente de que ese valor permite generar casos muy diferentes plenamente justificados. La diferencia radical entre uno y otro concepto de “lista” yo la formularía así:
a) una lista entorpecedora es aquella que el alumno recibe del profesor o del libro, en la que no encuentra coherencia ni unidad de significado, y cuyos diversos e inconexos valores acaban siendo tomados por el alumno como reglas (falsas) de operación, es decir, sobregeneralizados. Es lo que pasa con la pobre Jennifer cuando dice “No salí ayer porque me rompía una pierna”, operativizando ese “imperfecto de causa”: ‘si quiero expresar causa, uso el imperfecto’.
b) una lista posibilitadora es aquella que es siempre resultado de la aplicación del valor original a diversos contextos, en realidad, aquella lista que el propio alumno podría generar por sí mismo si comprende el significado de partida de la forma y se le va guiando hacia la formulación sintáctica de situaciones diversas en que la perspectiva aspectual, siempre, sigue siendo la misma.
Y por último, un ejemplo más de que los que nos dedicamos a la lengua somos prisioneros de la ambigüedad natural en la interpretación de las palabras, y que por tanto hay que esforzarse mucho, creo, por definirlas para el alumno, es el del siguiente caso:
La fiesta fue muy interesante vs. La chica era muy interesante
Si el alumno trabaja con la idea discursiva (no gramatical) de “descripción”, pasa lo que pasa: que para él, con razón, ambas son descripciones. Y no mejora demasiado, en mi experiencia, decirle que el segundo es descripción, y el primero valoración: ¿no es “muy interesante”, “guapa”, “simpática” también, mi valoración de una chica?
Por esta razón, en la GBE se sigue descendiendo a la base operativa: “ser interesante” como descripción o valoración de una chica, no exige considerar el final de “ser interesante” en modo alguno (es como una, o varias, “fotos”, o “secuencias”, sin final), mientras que una fiesta no se puede describir o valorar definitivamente como “interesante” si no estamos refiriéndonos a algo completo y terminado, es decir, a la fiesta como fiesta, es decir, al desarrollo de esa fiesta, teniendo en cuenta especialmente el final (es decir, como una “película” que debe incluir su “the end” para valorarla como película):
La fiesta fue divertida (descripción o valoración completa de la fiesta)
La fiesta era divertida (descripción o valoración de una parte de la fiesta)...
a) ...con todos esos disfraces, y esa gente tan salá, y vaya, lo pasamos pipa (fue divertida, en efecto), o
b) ...pero por desgracia habían puesto una bomba, y el final fue un tanto trágico (la fiesta no fue divertida, fue trágica).
En fin, son los muchos años de lidiar con las ambigüedades de las palabras los que me han hecho estar muy alerta contra las comprensibles interpretaciones sesgadas que los estudiantes suelen hacer de términos que, o son entendidos de una manera estricta como metalenguaje gramatical, o llevan al error o la incomprensión, por muy certera que sea la intuición que el profesor o el libro han puesto en su descripción.
Perdonad, por tanto, mi insistencia en la "tecnificación" del metalenguaje, que al final lo que produce en clase es una constante discusión, entre todos, sobre significados, sobre lenguaje, y sobre español (en definitiva, es una clase de lengua).
Y es que sucede que el estudio de la lengua tiene una característica que la hace singular en el conjunto de disciplinas del conocimiento: es la única donde la explicación del funcionamiento del objeto de estudio (el lenguaje) se tiene que hacer a través del propio objeto de estudio (el lenguaje). No, no lo tenemos fácil. Pero lo tenemos entretenido, al menos. Muchos saludos.
Jose